Abandono y privilegios

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Percepción Política 

En los últimos días han circulado datos económicos que, sin ánimo de ser pesimistas sino sólo realistas, nos dan bastante idea de la perspectiva lúgubre que el país tiene por delante.

Hace unas semanas, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reveló que entre 2010 y 2014 quebraron en el país un millón 630 mil 415 unidades económicas, más de una tercera parte del total que existía en el país. Eso representa que, en el peor momento de la crisis económica, un promedio diario de 8 mil 931 negocios de distintas actividades y tamaños tuvieron que cerrar sus puertas por no haber alcanzado el éxito esperado.

Imaginemos el golpe: en 2010 el Inegi había presentado el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas interactivo, es decir, un reporte en el que se concentraban los datos de cuatro millones 331 mil 202 negocios en el país. Al actualizar en 2014 los datos no se encontraron ya un millón 630 mil 415 unidades económicas. La tercera parte de ese universo ya no existía.

Si bien en 2014 se tuvo registro de 4 millones 926 mil 61 unidades económicas, de las cuales 2 millones 225 mil 274 eran nuevos negocios, la mortandad de empresas es muy alta y preocupante. Lo significativo es que el mayor descenso se dio apenas inició 2014, cuando entró en vigor la reforma fiscal con nuevos impuestos y la reducción en las deducciones que podían hacer las empresas, así como los gravámenes a la minería y de un peso por litro a los refrescos o bebidas saborizadas, la homologación de la tasa del impuesto al valor agregado (IVA) de 11 a 16 por ciento en las ciudades fronterizas con el resto del país o el impuesto especial sobre producción y servicios a productos con alto contenido calórico.

Por supuesto los datos alarmantes de la desintegración de empresas fueron dados con pereza y no en espacios destacados en los grandes medios de información y análisis. Pero este sábado, el propio Inegi volvió a poner el dedo en el renglón al exponer una variante del tema. Informó que tan sólo el año pasado hubo una reducción de 220 mil 190 patrones o empleadores en el país. La cifra implica una caída de 9.6 por ciento respecto al número de patrones registrado un año antes.

Definidos como los trabajadores independientes que ocupan o emplean a otras personas a cambio de una remuneración económica en dinero o especie, los empleadores o patrones que mantuvieron esa condición al concluir 2014 sumaron en conjunto 2 millones 72 mil 609, pero en 2013 eran 2 millones 229 mil 799, según las cifras el instituto.

Cuando tantas cosas en el país pierden vida (personas, instituciones, empresas, gobiernos, territorios, etcétera), uno se pregunta ¿y dónde está el Estado, el presidente, el piloto?

Va un ejemplo impactante mostrado hace dos días por un diario con muy buen tino. La noticia tenía un encabezado que decía “Suspende Coca-Cola servicio en Chilpancingo”. Y relataba: “Debido a saqueos a camiones repartidores y la retención de dos empleados, la empresa suspendió temporalmente sus operaciones en la cabecera municipal y comunidades de la zona rural de Chilpancingo”. Es decir, la causa de fondo de este hecho es la violencia que finalmente estalló desde septiembre en Ayotzinapa, Guerrero.

Por si alguien tiene dudas de cómo el Estado se ha encogido o retirado de muchos lugares del país (Guerrero, Michoacán, Estado de México, Chihuahua, Tamaulipas, Morelos, Veracruz, etcétera), esa nota que habla de una empresa relevante viene a ilustrar el dramático hecho. ¿Cuántas empresas no desaparecerán en estos momentos en el anonimato y en muchas partes del territorio porque no cuentan con condiciones para su existencia, porque están en sitios que son ahora tierra de nadie o de criminales? Es así como la patria se disuelve poco a poco, pero firmemente.

Otro aspecto del problema son las cosas incomprensibles, que terminan siendo un crimen. Ahí está el hecho de que la Auditoría Superior de la Federación detectó un probable daño a la Hacienda Pública Federal provocada por el Servicio de Administración Tributaria que devolvió “por error”  mil 123 millones 614 mil un pesos a cuatro grandes empresas (Sabritas, Gamesa) y un banco. Paradójicamente, Hacienda condonó impuestos a empresas como Sabritas, productora de alimentos chatarra, a la que se supone  “castigó” con nuevos impuestos bajo el argumento de que afectan la salud de los niños en el país. Un error demasiado costoso, pero quien dirige el SAT sigue en el cargo.

Total que ahora se sabe que el SAT perdonó el pago de impuestos a empresas y personas físicas por un monto de 166 mil 479 millones 323 mil pesos. ¿Se imaginan? Los principales beneficiados son la banca comercial; medios de comunicación (televisoras, radiodifusoras y medios escritos); empresas comercializadoras; servicios de telecomunicaciones; el sector cementero; empresas metalúrgicas y acereras; farmacéuticas; automotrices; petroleras extranjeras, y constructoras.

Total que es así como se decide la suerte de unos y otros en lo que queda de este país. No quiero ni pensar en cómo van los datos sobre inframundo mexicano que se llama pobreza.

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