Baños de sangre

Es incontenible la violencia. Y es evidente el fracaso priísta en esta guerra.

Las cosas no han cambiado desde que se fue Felipe Calderón, iniciador y perdedor de una guerra inconclusa en que dejó sumido al país. Decir que por tres muertos más o tres menos la cosa ha empeorado o mejorado es algo ocioso y absurdo.

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Percepción Política

Es incontenible la violencia. Y es evidente el fracaso priísta en esta guerra.

Las cosas no han cambiado desde que se fue Felipe Calderón, iniciador y perdedor de una guerra inconclusa en que dejó sumido al país. Decir que por tres muertos más o tres menos la cosa ha empeorado o mejorado es algo ocioso y absurdo.

El gobierno priista pudo haber denunciado la grave situación en que recibió el país -más de cien mil muertos y más de 25 desaparecidos- y pudo haber fincado responsabilidades a los responsables de ello. En vez de ello, nos vendió la idea de que en muy poco tiempo podría acabar con tanta violencia. Y otorgó impunidad al pasado inmediato.

A dos semanas de las elecciones intermedias, el país vive inmerso en un baño de sangre. Un buen número de estados, lo hemos dicho otras veces, presentan una atmósfera tan violenta que es completamente irrespirable.

Es el caso de Guerrero, Michoacán, Jalisco y Tamaulipas. Pero en estados como el de México, Nuevo León, Sinaloa, Chihuahua, Morelos, Veracruz, Quintana Roo, la abundante violencia es callada en los medios con el propósito de manipular la percepción social.

Como sea, ahí se siguen dando los hechos. Se nos dice que elementos del ejército, la PGR y la Policía Federal abatieron en el municipio de Tanhuato, Michoacán, a al menos 42 presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación, en una confrontación en la que sólo murió un policía.

La versión oficial de este hecho generó de inmediato sospechas por el alto número de presuntos delincuentes liquidados y la casi nula pérdida de vidas del lado gubernamental. La prensa y las redes sociales evocaron las ejecuciones comprobadas de Tlatlaya y la denunciadas recientemente en Apatzingán.

Al respecto y hasta en actitud adornada, el comisionado federal de seguridad, Montealejandro Rubido García aseguró que gracias al entrenamiento y equipamiento de los elementos de las fuerzas federales que participaron en las acciones, no se registraron más bajas o heridos durante el enfrentamiento.

Si así fuera como él dice de efectiva la fuerza del Estado, ya otro gallo nos hubiera cantado desde hace mucho.

En otras versiones de este mismo hecho, se mencionaba que una vez más las fuerzas federales habían tratado de detener al líder del CJNG, Nemesio Oseguera, El Mencho, y quisieron cercar a los presuntos delincuentes, lo que generó el enfrentamiento. Es decir, se sospecha de un nuevo fracaso que costó un alto número de vidas, cuando que este gobierno ha querido presumir de la captura de capos sin un solo disparo.

Este nuevo baño de sangre ha sido precedido por otras confrontaciones muy recientes e igual de graves. Policías federales y miembros del Cártel de Jalisco ya habían sostenido diversos enfrentamientos, entre ellos el ocurrido el 19 de marzo de este año, cuando efectivos de la división de Gendarmería de la Policía Federal fueron emboscados en el municipio de Ocotlán, Jalisco, mientras realizaban patrullajes en una zona industrial.

En esos hechos murieron cinco uniformados y seis civiles; presuntamente fue una de las ocasiones en las cuales las autoridades federales estuvieron cerca de aprehender a El Mencho.

El 7 de abril, 15 policías de Jalisco fueron asesinados en una emboscada por miembros de dicho cártel, en el kilómetro 56 de la carretera Mascota-Puerto Vallarta, ente los poblados de Soyatán y La Estancia.

El primero de mayo, en respuesta a la puesta en marcha del Operativo Jalisco, los sicarios derribaron un helicóptero de la Secretaría de la Defensa Nacional con 18 ocupantes. Se supone que esa fue otra de las ocasiones en que las autoridades se acercaron al sitio donde se escondía el líder del cártel. Ese día la violencia se extendió con actos vandálicos y enfrentamientos en diversos municipios de Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Colima.

Pero hay otros hechos de violencia en el país que llaman poderosamente la atención. Dos días antes, en Guerrero, la confrontación entre dos presuntos grupos delictivos rivales dejó 10 muertos y 20 heridos. Allá, el escenario es virtualmente de guerra.

Otro hecho tremendo ha sido el plagio de decenas de personas entre el 9 y el 14 de mayo en el municipio guerrerense de Chilapa de Álvarez, durante la incursión de la autodenominada policía comunitaria a esa cabecera municipal.

Y hay que recordar que ahí mismo se dio el asesinato del candidato del Partido Revolucionario Institucional a la alcaldía de Chilapa, Ulises Fabián Quiroz, ocurrido el primero de mayo, así como al homicidio, el 10 de marzo, de la precandidata del Partido de la Revolución Democrática a la alcaldía de Ahuacuotzingo, Aidé Nava González, quien fue decapitada por presuntos integrantes del crimen organizado.

Hay que decir, en suma, que este gobierno decidió continuar la fracasada guerra de Calderón en el escenario del narco. Prueba de ello es que a dos años y medio de su inicio no ha habido en los hechos un cambio real con respecto a una estrategia que ya probó ser perdedora.

Ojalá que los votantes tengan muy en cuenta este fracaso cuando acudan a las urnas dentro de dos domingos.

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