Bono dilapidado

Por la Espiral

Muchos esperábamos con ansia esperanzadora que el presidente Enrique Peña Nieto fuera en el ejercicio del poder un moderno estadista de voz pragmática y puño de hierro para enviar esas señales necesarias  a fin de  pacificar, unificar y gobernar el país.

Estos tres años de claroscuros en los que ni siquiera se ha podido sacar avante el proyecto del tren de alta velocidad para beneficio de la actualización de la infraestructura de una economía como la mexicana, la verdad es que pocas ilusiones quedan de que, el trienio que resta, acontezcan cambios relevantes y para bien.

Siento enorme desconsuelo por ver cómo el país terminará desperdiciando el bono demográfico so pena de que las malas decisiones así como las indecisiones pasan factura tarde o temprano.

Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) en México antes de 2020 habrá dos personas productivas por cada persona no productiva.

El Consejo Nacional de Población (Conapo) también afirma que experimentaremos un hecho sin precedente, una verdadera ventana de oportunidades para el crecimiento, fortalecer el mercado interno e impulsar políticas de ahorro. Al menos es lo  ideal, siempre y cuando, lograra capitalizarse todo el potencial de más gente en edad productiva que improductiva.

En buena medida a este fenómeno poblacional llamado “bono demográfico“ (recta por la que México transita)  hay que aprovecharlo en el tiempo a través de instrumentar políticas públicas adecuadas.

Se trata de  ir preparando el mercado,  crear  canales de acceso para incluir a todos los excluidos del sistema formal bancario, pensiones, viviendas, seguridad social, salud, educación; etc.

De no hacerlo antes del año 2050,  cuando revierta el fenómeno demográfico, enfrentaremos graves problemas con un Estado quebrado e imposibilitado para pagar múltiples pensiones; incertidumbre sobre la existencia del esquema  privado del ahorro para el retiro;  población bastante más longeva y no productiva.

A Colación

De acuerdo con Conapo, la oferta de mano de obra en México aumentará de 42 millones de personas en 2000 a 64 millones en 2030, implicando incrementos medios anuales del orden de 910 mil  personas en la primera década del presente siglo; 798 mil durante la segunda y 477 mil en la tercera década.

El Estado de México seguirá concentrando la mayor parte de la Población Económicamente Activa (PEA) nacional, al pasar de 5.5 a 9.3 millones al cabo de los treinta años, mientras la oferta de fuerza de trabajo más dinámica será la de Quintana Roo con una tasa media anual de crecimiento de 3.54%, es decir, casi dos veces y media más alta que el  puntaje nacional de 1.39 por ciento.

La edad promedio de vida superará los 75 años de edad y para 2020 habrá una proporción de adultos mayores, el 12.5% de la población que  duplicará en 2050 al representar el 28% de la población.

Por ello emanan una serie de desafíos,  lo digo pensando a futuro con una población en México que desde 2010 reveló recrudecidos problemas de obesidad, diabetes, cáncer y tabaquismo.

Asimismo hay dilemas socioeconómicos con brechas preocupantes entre grupos privilegiados respecto de un cúmulo de olvidados del desarrollo: más de la mitad de la población en condiciones de pobreza, muchos hogares sin acceso a servicios de agua, drenaje y alumbrado público.

Las condiciones laborales tampoco muestran su lado amable, el mercado formal ofrece contratos temporales, carentes de las prestaciones más fundamentales y además con sueldos, salarios y remuneraciones caídas.

Cada vez se trabaja más para vivir peor. La otra opción es la economía informal, actividades subterráneas e ilegales con una dañina expansión dentro del Producto Interno Bruto (PIB) y su consecuente impacto negativo dentro de la recaudación fiscal.

Millones de personas laboran en “esa otra economía paralela” y lo hacen a destajo sin ninguna prestación,  ni ellos ni nadie en el gobierno, están previendo por sus necesidades inmediatas de vivienda y ahorro; ni las futuras en rubros de  salud y pensión. Ellos forman parte del bono demográfico no lo olvidemos.

Por supuesto, millones de personas laborando en el escaparate de la calle sin ningún tipo de paraguas social serán igualmente parte de la tercera edad cada vez más cuantiosa después de 2050. ¿Quién velará por sus necesidades de atención y comida? ¿A qué presidente, secretario de Estado o gobernante culparemos por lo que no hicieron a tiempo en  los primeros años y décadas del siglo XXI?

*Claudia Luna Palencia es periodista mexicana, con más de 25 años de trayectoria experta en temas económicos, financieros y de negocios. Desde hace una década radica en España.