Calderón, ¿va por la presidencia del PAN?

Harto de sus errores y fracasos gubernamentales y partidarios, decepcionado de sus alfiles políticos que como Ernesto Cordero no le han dado resultado, sin confiar siquiera en las perspectivas reales de su esposa Margarita Zavala, el expresidente Felipe Calderón ha decidido lanzarse él mismo a buscar la presidencia del PAN.

By

Tras la puerta del poder

Harto de sus errores y fracasos gubernamentales y partidarios, decepcionado de sus alfiles políticos que como Ernesto Cordero no le han dado resultado, sin confiar siquiera en las perspectivas reales de su esposa Margarita Zavala, el expresidente Felipe Calderón ha decidido lanzarse él mismo a buscar la presidencia del PAN.

Su presencia de apoyo en campañas de los candidatos a gobernador, alcaldes y diputados federales, dicen, le han servido para medir varios aspectos y decidir iniciar una campaña formal por la dirigencia de su partido.

Amparado por la campaña electoral en curso, Calderón ha visto que puede aparecer en público sin grandes muestras en contra y que no corre grandes riesgos de interrogatorios periodísticos sobre los puntos álgidos de su administración: guerra fallida contra el narco, 70 mil muertos, 30 mil desapariciones, crecimiento económico casi cero, etcétera…

A 12 días de concluir esta contienda electoral, con una cuota aceptable de posibles triunfos de panistas, con Gustavo Madero a punto de entrar a San Lázaro y hacerse cargo de la coordinación de su bancada en la siguiente Legislatura, el expresidente Calderón evalúa sus opciones:

Tiene 52 años cumplidos y una fortaleza física suficiente como para operar políticamente otros 20 o 25 años más.

Cuenta con la experiencia de haber sido ya dirigente nacional del PAN y conocer las redes territoriales, liderazgos locales, y culturas políticas de su partido en toda la república.

Cuenta con el conocimiento de liderazgos de todos los partidos y fuerzas políticas y evidentes lazos derivados de compromisos realizados con dirigentes locales, empresarios, líderes de organizaciones sociales, etc, durante su presidencia, que ahora le pueden significar un hándicap, ventaja colateral, en una contienda como la que pretende iniciar.

El partido Acción Nacional deberá estar lanzado su convocatoria para elegir nuevo dirigente nacional hacia fines de este año, entre noviembre y diciembre, para que las elecciones internas –que serían las segundas en que participe la militancia (unos 250 mil panistas afiliados)-, se pueda realizar entre enero y febrero de 2016.

Hasta hoy han expresado su intención por de participar en esa contienda el coordinador de los diputados federales del PAN, Ricardo Anaya quien ya ocupó la presidencia del PAN en sustitución de Gustavo Madero, quien pidió licencia para ser lanzado como candidato a diputado pluri federal.

De igual forma se ha apuntado la esposa del expresidente Calderón, Margarita Zavala, quien ha sido diputada local y federal.

De avanzar con su intención, estas dos candidaturas quedarían prácticamente anuladas frente a la de Felipe Calderón, quien cuenta en su historial político el haber sido no sólo hijo de un fundador del partido, sino ex candidato a la gubernatura de Michoacán (en 1995 donde perdió ante el priísta Eduardo Villaseñor); diputado local en el DF, dos veces diputado federal, dirigente nacional del PAN y presidente de la República.

NUEVO GIRO

Dicen quienes lo conocen y además están cerca de él, que Felipe Calderón hizo una profunda reflexión respecto de sus perspectivas:

De entrada encontró que todos sus alfiles le ha  han fallado: fracasaron las presidencias panistas de German Martínez y de César Nava, quienes llegaron ahí impulsados por él. Ambos dejaron al blanquiazul en condiciones deplorables y a él muy comprometido porque todos sabían que ambos –Martínez y Nava- actuaron bajo su dirección.

Luego se encontró con el fracaso de su secretario particular Roberto Gil Zuarth, quien fue rebasado por Gustavo Madero en la contienda por alcanzar la presidencia del PAN. Eso ocurrió en la parte final de su mandato.

Después no pudo colocar en 2012 como candidato presidencial de Acción Nacional a su extitular de Hacienda y de Sedesol, Ernesto Cordero, a quien le ganó Josefina Vázquez Mota haciéndole pasar por el papelazo de haber sido derrotado en Los Pinos.

Por si todo lo anterior no fuese suficiente, en 2012 la candidata del PAN quedó en tercer lugar y él tuvo que regresarle a un priísta, a Enrique Peña Nieto, la Presidencia de la República.

Las cosas fueron pésimo cuando este año Ernesto Cordero fue nuevamente derrotado por Gustavo Madero en la interna por la presidencia del PAN.

Pero el colmo fue que su esposa, Margarita Zavala, no logró una candidatura a una diputación pluri.

Con toda esta carga de derrotas y amarguras, Felipe Calderón, a quien todo mundo conoce como de “mecha corta”, es decir, impulsivo y voluntarioso, estuvo a punto de renunciar al PAN y optar o por inscribirse en alguno de los partidos de reciente creación… o construir y registrar el suyo.

No fue fácil convencerlo de que no hiciera nada de eso. En un partido nuevo comenzaría casi de cero. Y construir otro partido le llevaría años.

Entonces no faltó quien le sugiriera dar un paso atrás, repensarse, y reconstruirse políticamente.

En eso contaría su historial que no es poco. Y por ahí va. Las objeciones estatutarias que al parecer no existen, podrían solucionarse con arreglos y reformas internas.

La perspectiva es muy halagadora: ser nuevamente presidente del PAN, interlocutor con los poderes institucionales y fácticos de México, actor político esencial en la última etapa del Gobierno de Enrique Peña Nieto y el inicio del que viene, y quizá, por qué no, senador de la República a partir de 2018 y coordinador de su bancada.

Y no es sueño. Puede alcanzar todo eso… es cosas de lazarse de lleno. Ya cumplió la primera parte al aparecer en la campaña y no ser rechazado por nadie. Creo que ahora viene la segunda, cuando diga abiertamente que va por la dirigencia nacional del PAN…

Tiene apenas 52 años y está en plenitud, dicen.

¿QUIÉN DAÑA AL INE?

Luego de prácticamente todos los medios informativos y las redes sociales dieran a conocer una intercepción telefónica ilegal en que el consejero presidente del INE Lorenzo Cordova se mofara y expresara despectivamente de un dirigente indígena sobrevinieron críticas y reclamos, y algunos incluso exigieron su remoción o renuncia.

Córdova salió a dar una disculpa y a presentar una denuncia por la intercepción ilegal.

A menos de 20 días de la primera gran elección federal enfrentada y que deberá ser calificada por el INE, y de otras 17 locales que en cualquier momento pudieran ser atraídas por el nuevo organismo central electoral, no había espacio para la salida del consejero presidente.

No lo había a pesar de que a partir de esa intercepción todo mundo supiera cuál es su estructura racista.

Partidos, legisladores y otros muchos lo protegieron e intercedieron por él. Y entonces se habló de que “hay quienes quieren dañar al INE”. Y lo dicen a sabiendas de que si Córdova no hubiera dicho lo que dijo, nadie estaría hablando de lo que habla respecto de él y del INE.

Es simple de entender: quien dañó al INE es Córdova al burlarse del dirigente indígena y utilizar un lenguaje inapropiado de lo que debiera ser un presidente del INE en estos momentos.

A lo mejor me equivoco, pero no me imagino a José Woldenberg en una charla telefónica como la interceptada a Córdova. No me la imagino ni en fondo ni en estilo. ¿Usted sí?

 rvizcainoa@gmail.com

You may also like