Candidatos independientes: ¿Se puede gobernar sin partidos?

JUAN MARTÍNEZ VELOZ es doctor en derecho por la UNAM. Ex magistrado electoral. Analista político experto en temas materia electoral.
JUAN MARTÍNEZ VELOZ es doctor en derecho por la UNAM. Ex magistrado electoral. Analista político experto en temas materia electoral.

Opinión

El triunfo de algunos candidatos independientes en los pasados comicios del 7 de junio (el caso de “Bronco” en Nuevo León) establece un nuevo reto para el sistema político mexicano;  la realidad de organizar gobiernos no emanados propiamente de los partidos políticos tradicionales.

La pregunta que nos hacemos muchos ciudadanos ¿Es viable esto? ¿Se puede hacer gobierno sin partidos políticos?

La aparición de los derechos políticos, los partidos políticos y a democracia en la era moderna, tiene su fundamento en el pensamiento político en emanado de la Revolución Francesa de 1789 y la Constitución de los Estados Unidos de 1776.

Los pensadores del Liberalismo en sus orígenes tendían a excluir la concepción misma de partido político como organización intermedia entre el Estado y la sociedad civil. El principio de autonomía moral del individuo y la idea de solidaridad (nacional) de ciudadanos iguales ante la ley no permitían su admisión.

Asimismo los regímenes políticos que se organizaron bajo la filosofía del liberalismo en el siglo XIX en un principio establecieron sistemas electorales de voto censatario (en razón de ingresos de los ciudadanos) e indirecto (al través de representantes), como sucedió en México en algunas constituciones (1824, 1836, 1843 y 1857), por lo que la idea de partido en esas épocas (grupos parlamentarios, clubes de ideas) fue diferente a la de hoy (partidos de masas).

Los partidos políticos nacieron también ligados el asambleísmo y a el concepto de representación política.

El concepto de representación, al igual que el de partido es una idea de la edad moderna. Los antiguos Griegos carecían de una palabra similar, a pesar de que elegían a algunos servidores públicos y algunas veces enviaban embajadores-actividades. Los romanos disponían de la palabra representare, sin embargo no la aplicaban a los seres humanos que actúan por otros, o a las instituciones políticas. Su uso comienza a hacer su aparición en el  latín en los siglos XIII y XIV y más tarde en el inglés, a medida que las personas enviadas a participar en los Concilios de la Iglesia o el Parlamento Inglés empezaron a ser vistas como representantes.

Señala Maurice Duverger (Instituciones Políticas y Derecho Constitucional, Ariel, España p. 44) que a lo largo del siglo XIV, la representación de la burguesía se eleva del plano municipal al nacional con el desarrollo en Europa de las “asambleas de estados. Las asambleas así constituidas adoptan diversos nombres según los países: Estados Generales, Dieta, Cortes, Parlamento.

En México, durante la vigencia de la Monarquía Española, las Cortes de Cádiz  en España (primera asamblea legislativa de la Nueva España) se realizaron  en 1812.

Se puede afirmar de acuerdo a los datos que poseemos, que la representación y las elecciones surgieron antes que los partidos políticos, ya que en sus orígenes éstos fueron rechazados por pensadores y líderes políticos.

Entre los pensadores  que se opusieron a la concepción de partido, destaca Jean Jacob Rousseau, quien en su libro El Contrato Social, expresó claramente su oposición a las formaciones políticas como elementos deformadores de la voluntad general, al señalar que “Cuándo se forman facciones, asociaciones parciales a expensas de la grande, la voluntad de cada una de esas asociaciones resulta generaren relación a sus miembros y particular respecto al Estado. Entonces puede decirse que no hay tantos votantes como hombres, sino sólo tantos votantes como asociaciones. Las diferencias se han vuelto menos numerosas y dan un resultado menos general. En fin, cuando una de éstas asociaciones es tan grande que domina a todas las demás ya no tenemos como resultado una suma de pequeñas diferencias, sino una diferencia única; entonces no hay voluntad general y la opinión que prevalece no es más que una opinión en particular”. (Citado por Isidro Molas en: Partidos Políticos, Salvat-Editores, México, 1973, p. 24).

Creemos a manera de conclusión de que si pueden existir gobierno y representación política sin partidos, sin embargo el partido político es también el instrumento más natural para la búsqueda y conservación del poder político en a democracia moderna y por lo tanto debe también fortalecerse(ciudadanizarse) al igual que las propias candidaturas independientes. No deben verse como rutas excluyentes, sin complementarias para mejorar a representación política de los ciudadanos.

juanmtzv63@hotmail.com