El cineasta y el pontífice, urbi et orbi

México, DF, 24 de febrero 2015, Juan Manuel Magaña, Percepción Política / Las palabras sencillas de Alejandro González Iñárritu duraron un instante, pero resonaron en el planeta y produjeron fuerte oleaje en México.

Y qué decir de las palabras del Papa Francisco, quien al referirse a México dijo con todas sus letras que aquí “la cosa es de terror”. Son crudamente realistas de lo que nos pasa.

Recordemos a González Iñárritu, tras la conquista del Oscar: “Ruego para que podamos encontrar y tener el gobierno que nos merecemos (en México). Y la generación que está viviendo en este país (Estados Unidos)… puedan ser tratados con el mismo respeto y dignidad que la gente que llegó antes y ayudó a construir este país de inmigrantes”.

Recordemos al Papa, quien expresa a un dirigente social su preocupación por Argentina: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”.

Casi nada hay que agregar a lo que dicen el cineasta y el pontífice. Más bien hay que congratularse de que usen su potente voz para que la triste realidad mexicana se sepa urbi et orbi. Lo peor que puede pasar, como ya ocurre, es que el gobierno mexicano exprese su malestar por saberse en evidencia.

Porque lo que hay que decir aquí es que si Felipe Calderón dejó a este país en el quinto círculo del infierno (Salinas apenas le abrió las puertas, y Zedillo y Fox nomás lo empujaron), con Enrique Peña Nieto se ha hundido hasta el noveno círculo.

Por lo demás, González Iñárritu tuvo también para los EU. Sus palabras llegaron en momentos en que la Casa Blanca y unos 26 gobernadores republicanos han escalado el conflicto judicial en el tema de los migrantes.

Todos esos gobernadores acusaron al presidente Barack Obama de usurpar las facultades del Poder Legislativo y por ello interpusieron, en diciembre pasado, una demanda que dio lugar a que el juez Andrew S. Hanen, de la Corte Federal para el distrito sur de Texas, bloqueara la acción ejecutiva presidencial.

Ahí está el gobernador texano, Gregg Abbot, quien decidió -el mismo día de la ceremonia del Oscar- elevar hasta la Suprema Corte de Justicia una demanda en contra del mandatario por una supuesta extralimitación de funciones desde que decidió emprender acciones ejecutivas en favor de los migrantes.

Hay que recordar que Obama anunció en noviembre del año pasado una acción ejecutiva para evitar la deportación de unos 5 millones de extranjeros indocumentados que viven en su país. Todo, por el hecho de que los republicanos le hicieron imposible el lograr la aprobación de una reforma de las leyes migratorias de EU racistas y persecutorias.

Entre otras cosas, lo decidido por Obama ampara a padres de ciudadanos estadunidenses y residentes legales permanentes que hayan llegado a Estados Unidos antes del primero de enero de 2010. Lo mismo hace con indocumentados que ingresaron antes de cumplir 16 años y que hayan permanecido allá desde la fecha mencionada.

Obama decidió además la reducción en el tiempo de espera de green cards o permisos de internamiento para familiares extranjeros de ciudadanos estadunidenses, si bien en contrapartida anunció la multiplicación de las deportaciones de los migrantes llegados en fecha reciente.

Como si el hecho de ser el ganador indiscutible de tres premios Oscar no le trajeran una enorme simpatía de los televidentes hispanos, particularmente mexicanos, el Negro González Iñárritu supo conectar en el instante de su propia consagración, en un foro global, con los anhelos de millones de personas que habitan el inframundo de la inmigración en los EU.

Con sus afirmaciones, el cineasta mostró no sólo cómo se presta la voz a quienes no la tienen, sino también cómo se alza esa voz para hacer un justo reclamo, cosa que no se le da nunca a nuestro propio presidente.