El espejismo mexicano

Por la Espiral

El presidente Enrique Peña Nieto empezó bien el sexenio, digamos con el pie derecho, tras conjuntar a todas las fuerzas políticas en el Pacto por México a fin de sacar avante una serie de reformas empantanadas desde hacia décadas.

Primordialmente esenciales para actualizar y modernizar el país en aspectos tan sustanciales como la educación o el tema energético. Dos temas que provocan  agruras  y muchos estires y aflojas entre las distintas fuerzas políticas y sociales.

Empero, esas buenas intenciones que han llevado reformas votadas y cristalizadas en el Congreso no han logrado despegar todavía en la práctica es como si una ratonera gigante las aprisionara.

Desde luego creo que se trata de una  prueba más que simbólica de la resistencia atávica existente en  el país en determinados círculos para romper con el pasado y moldear un nuevo futuro.

Lo vemos todos los días con marchas de sindicatos de maestros, con la negativa ante las evaluaciones, con la muy necesaria tijera para recortar el cordón umbilical del sindicalismo mal utilizado que protege a los aviadores; o  a los vende plazas o a quienes negocian  con ellas, con todo ese rollo funesto que ha hecho de la educación pública en México una fuerza motriz para el chantaje y la manipulación política.

También está  la consabida y famosa Reforma Energética que por fin llegó pero que,  desde mi punto de vista, lo hizo  demasiado tarde is too late. Debió haberse aplicado a partir de 1980 antes de que Estados Unidos encontrara en el fracking y en el shale las respuestas a sus requerimientos energéticos y se convirtiera en un acumulador de reservas a tal grado que hoy en día es uno de los factores para llevar a la baja los petroprecios.

Estos tres años del sexenio del presidente Peña Nieto han pasado demasiado rápidos en cuanto a los buenos propósitos, sin embargo, muy  lentos respecto de toda la enorme cantidad de pendientes por atender comenzando por el crecimiento económico.

En 2012 se cerró con la inercia del ciclo económico del anterior sexenio el PIB se ubicó en 3.9%; en 2013 descendió a 1.44%; 2014 en 2.1% y la perspectiva actual  es incierta Hacienda que estimaba un PIB por encima del 3% ahora lo reajusta a la baja a un rango de entre el 2% al 2.8 por ciento.

¿Por qué? Porque la economía mexicana sigue siendo vulnerable muy vulnerable al shock de los precios del petróleo, si bien con el TLCAN se logró recambiar el chip de la balanza comercial al despetrolizarla y permitir que las manufacturas ganaran un mayor peso en las exportaciones hay que ser realistas el presidente Peña Nieto y su gabinete de Economía no han logrado despetrolizar las finanzas públicas y eso insisto nos hace permanentemente vulnerables a cualquier cambio de ritmo en el mercado internacional del petróleo.

De esta forma el balance que tenemos es EPN cero y el mercado internacional del pétroleo tres, ese marcador significa que: caen la producción del petróleo, las exportaciones del mismo y los petroprecios están a la mitad que hace un año porque la mezcla mexicana cotiza en 49.9 dólares por barril.

Entonces se ajusta el crecimiento del PIB a un menor ritmo;  y el presupuesto sufre porque no se puede gastar en lo presupuestado con ingresos menores y como los ingresos petroleros cayeron un 22.6% el pasado julio (en tasa interanual) pues además también se impacta a las finanzas públicas cuyo déficit sigue creciendo hasta aumentar a 375 mil 442 millones de pesos.

En resumen, es el petróleo el que gobierna el ritmo económico del país, y a eso le debemos añadir que la inflación ha crecido en los últimos tres años  de 3.57% en 2012 a 3.97% en 2013 y siguió subiendo en 2014 hasta colocarse en 4.08 por ciento.

No existe un control eficiente de los precios que este año se han complicado mucho más con la convulsa devaluación del peso respecto del dólar, la moneda mexicana se ha depreciado un 23% en lo que va del año en comparación con el  billete verde.

Todo esto implica para las familias mexicanas un deterioro en su poder adquisitivo, una presión enorme para cientos de empresas de gran tamaño y miles de micro, pequeñas y medianas que están trasladando a su contabilidad pagar por insumos más caros en dólares para poder producir, y ello al final termina saldándose con sendos recortes de personal.

El presidente tiene que acelerar que sus reformas cristalicen cuanto antes en cambios positivos y debe hacer realidad el sueño de todos: despetrolizar las finanzas públicas para beneficio presente y futuro de su soberanía.

Nos aguardan tres años todavía con mayor incertidumbre porque si la Reserva Federal de Estados Unidos sube tasas de interés a mediados de septiembre eso desestabilizará todavía  más a la endeble economía mexicana.

A Colación

Cambios de última de hora del gabinetazo del presidente Peña Nieto, más que fijarme en los nuevos nombres que figuran  en la agenda de primer nivel lo que deberían explicar es cuál es su programa para el trienio que resta.

A nadie queda la menor duda que es la seguridad el tema que más nos preocupa y allí es donde el flanco debería cerrar filas, mientras la inseguridad siga extendiéndose sin control como células cancerosas eso debilita social y económicamente. Seguridad, paz y tranquilidad, en suma un Estado de derecho es lo que urge pero ya.