El show de Lozoya

La novela de Emilio Lozoya va para largo y se va a poner cada vez mejor. El gobierno ya decidió que va a administrar la información conforme le vaya resultando conveniente. Hay tantos involucrados, y tanto dinero en juego en la historia, que da como para soltar una probadita por semana, generar cada vez más expectativa, y llegar con todo a junio del próximo año.
La novela de Emilio Lozoya va para largo y se va a poner cada vez mejor. El gobierno ya decidió que va a administrar la información conforme le vaya resultando conveniente. Hay tantos involucrados, y tanto dinero en juego en la historia, que da como para soltar una probadita por semana, generar cada vez más expectativa, y llegar con todo a junio del próximo año.

El Paso del Chapulín

 

Sergio Ricardo Hernández Mancilla *
Twitter: @SergioRicardoHM

La novela de Emilio Lozoya va para largo y se va a poner cada vez mejor.

El gobierno ya decidió que va a administrar la información conforme le vaya resultando conveniente.

Hay tantos involucrados, y tanto dinero en juego en la historia, que da como para soltar una probadita por semana, generar cada vez más expectativa, y llegar con todo a junio del próximo año.

Hoy los productores del espectáculo son otros, pero el modelo es más o menos igual al de siempre: se empieza con filtraciones, chismes y supuestas pruebas pequeñitas pero suficientes como para crear a un enemigo público.

Ya que el país reconoce la cara y el nombre del villano y aumenta la exigencia de castigo, llega el gobierno salvador a hacer justicia. Todos contentos.

Durante décadas se ha seguido el mismo modelo: crear un ícono y usarlo como bandera de justicia mientras el país se sigue despedazando por otras partes.

¿Qué chiste tendría detener a un delincuente si nadie sabe quién es y qué hizo?

El objetivo no es hacer justicia, sino que se sepa que se está haciendo justicia.

La historia de Lozoya Austin parece ser bastante predecible, pero como en una buena serie, tenemos que esperar hasta el final; no vaya a ser que de un giro interesante.

Y mientras ese día llega, el oficialismo tiene material de sobra para retomar el control de la agenda cuando la coyuntura lo amerite, cambiar de tema, eludir las responsabilidades actuales, omitir la crisis de seguridad, salud y economía que vivimos, y seguir hablando un buen rato del pasado y sus horrores.

Tener un Lozoya les cayó como anillo al dedo.

La declaración del fiscal Gertz Manero dice mucho del sistema de articulación de la justicia, política y comunicación: “Si Rosario Robles hubiera cooperado como lo hace Emilio Lozoya, hoy estaría en su casa”.

Mientras tanto, Robles, con menos acusaciones y pruebas que Lozoya, sigue en el penal de Santa Martha Acatitla, y el ex director de PEMEX, a quien el propio oficialismo ha convertido en el símbolo de la corrupción, el ladrón de ladrones, el neoliberal voraz, el que entregó Pemex a los extranjeros, el que corrompió a medio poder legislativo, está leyendo las noticias con un buen vino desde la comodidad de su casa.

Como cuando esperas el capítulo de tu serie o novela favorita, esta historia nos va a dar suficiente drama como para destapar una cerveza, preparar las palomitas una vez a la semana y ver cómo va cambiando la trama, qué villanos surgen, quiénes pasan de buenos a malos y qué personajes de reparto terminan como protagonistas.

Eso sí, el gran final, por lo menos de la primera temporada, va a estar muy cercano a la elección del 2021.

Y en el fondo, no habrá cambiado nada.

 

El paso del chapulín.

“Suponiendo que hubiese alegatos en mi contra por parte de delincuentes confesos, habría que por lo menos mencionar que estas personas pueden decir cualquier cosa a cambio de reducciones de condenas”.

Emilio Lozoya Austin, agosto de 2017.

 

(*) Politólogo y consultor político. Socio de El Instituto, Comunicación Estratégica. Desde hace 10 años ha asesorado a gobiernos, partidos y candidatos en América Latina.