El triatlón del yuan

Por la Espiral

¿Por qué asusta tanto que China deprecie 4.6% el yuan respecto al dólar? ¿Acaso ignoramos que uno de los artificios más reversibles para elevar la competitividad externa de las economías es precisamente devaluar su moneda?.

Imaginemos una abultada pista del comercio internacional, los competidores van arrancar desde la meta, el desafío -hasta el delirio- es convertirse en jugador clave, posicionarse de los primeros sitios como exportador neto de mercancías, productos, bienes intermedios y también por servicios.

Todo se toma en cuenta, desde las ventajas competitivas hasta las comparativas (recordando a David Ricardo) y se supone que con esto bastaría para alcanzar la gloria.

Pero en la justa del comercio global la competencia es confusa, todo menos limpia y digna,  el dopaje existe de forma recurrente con  estratagemas  artificiales a fin precisamente de recuperar la competitividad.

Uno de ellos, el más socorrido, es el de la devaluación de la moneda. China cuya economía está inmersa en otra generación de reformas hasta el 2020 a fin de modernizar, liberalizar y adecuar al entorno internacional su mercado financiero, de capitales y cambiario, ha dado varios sustitos en las últimas semanas.

El primero con la caída bursátil del 8.5% en el Shanghái Composite y recientemente, en los últimos tres días, un ajuste  en su mercado cambiario que readecuó el yuan (popularmente conocido como renminbi) respecto al dólar.

La devaluación del 4.6%  en su paridad con el billete verde  responde a una serie de factores, partamos primero de que se trata de una economía que no está liberalizada del todo y que el Estado en su socialismo de mercado sigue metiendo la mano en muchos canales económicos y financieros.

Lo hace desde  luego controlando el sistema cambiario que ha venido evolucionando lentamente a paso de tortuga en los últimos 20 años pero digamos que en esta fase de minitransición  en cinco años más el yuan  será lo  suficientemente fuerte, estable y competitivo como para valerse por sí mismo ante las divisas dominantes en el espectro mundial.

Al día de hoy el yuan responde a una política cambiaria controlada por el Estado que fija su paridad todos los días con base a un rango de fluctuación más o menos del 2% hacia a la alza o a la baja.

China, que es la segunda economía del planeta a punto de destronar de su sitio a Estados Unidos, camina hacia una transformación de su política cambiaria,   no es únicamente cuestión de contar con 1 mil 658 toneladas de oro en reservas para respaldar su moneda; también es necesario darle el valor significativo de divisa internacional  con reformas que le inyecten la credibilidad suficiente para fungir como opción ante el dólar o la libra.

El Banco Central de China abandera la devaluación -que tampoco ha sido tan dramática- como un mecanismo correctivo dado que en los últimos doce meses  el yuan se había apreciado lo que provoca sonoras carcajadas porque todos sabemos que la moneda china no tiene un tipo de cambio ni real, ni justo, ni competitivo respecto al dólar.

Ha sido su política de abaratamiento monetaria y de costos de producción con una mano de obra sobreexplotada, infravalorada y subsumida en la eternidad del lumpenproletariado lo que le ha dado al gigante asiático la preeminencia en el comercio exterior.

Dejar el cambio en  6.401 yuanes por dólar tiene obviamente impacto directo para detonar las exportaciones y soliviantar la balanza comercial recordemos que cerca de la mitad del comercio explican el PIB del gigante asiático.

Es obvio que intentará resolver vía el mercado externo la ralentización en su PIB que todo apunta volverá a ubicarse en un rango de entre el 7.1% y 7.5 por ciento.

A COLACIÓN

En los últimos cinco años el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha coqueteado con la idea de incluir al yuan dentro de su cesta de divisas que respaldan sus Derechos Especiales de Giro (SDR por sus siglas en inglés) utilizados para rescatar economías y sus planes de reestructura de las mismas.

La canasta está constituida por el dólar, el euro, la libra y el yen. Al gobierno chino le interesa dotar al yuan con las características indispensables para apoderarse también del mercado de capitales y del sistema financiero internacional.

El yuan o renminbi es la séptima divisa más utilizada del mundo, si como apuntan  en cinco años el Estado habrá sacado las manos del mercado cambiario dejándolo al arbitrio de una política de libre flotación y el FMI lo incluirá dentro de su cesta de divisas, entonces habrá alcanzado la mayoría de edad.

Como conclusión: la devaluación deliberada del yuan responde a su política de reformas, a la meta de figurar dentro de la cesta del FMI, transmutar hacia la libre flotación; impulsar la balanza comercial vía las exportaciones abaratando la moneda lo que impactará en su crecimiento.

Y mañosamente realizan el ajuste antes de que llegue septiembre cuando  la Reserva Federal subirá tasas de interés y comenzará el maratón de largo plazo.