Ese flotel a la mar

Por la Espiral

*Claudia Luna Palencia

Fue una operación a punto de naufragar y no me refiero al dramón que se vive en Europa con los miles de sirios ahogados en costas europeas que huyen de la guerra y del terror  impuestos por el Estado Islámico.  Esta vez me refiero a Pemex en España con los astilleros en Galicia.

La verdad es que sorprende la astucia gallega para no dejar ir el contrato “apalabrado” con el anterior presidente Felipe Calderón y es que, les pilló el cambio de sexenio entre el sí de Calderón llegó el desconocimiento del presidente electo Enrique Peña Nieto y sus dudas de si llevarlo o no a cabo; en principio, porque se trataba de una alianza suspendida en una nube titubeante.

El favoritismo que tenía Calderón por Galicia le venía de su cercana amistad con el gallego-mexicano Juan Camilo Mouriño, muerto en espantoso “accidente” de aviación en la ciudad de México siendo entonces secretario de Gobernación (2008).

De allí que en plena recesión ibérica le naciera al entonces mandatario detonar  proyectos del otro lado del Atlántico fue cuando le propusieron coadyuvar a oxigenar financieramente hablando a varios astilleros viguenses que en los últimos años tenían contratos parados, parálisis en el sector, incremento de deudas y sobre todo sendos recortes de nóminas.

La propuesta inicial fue construir para Pemex varios floteles, es decir barcos acondicionados como hoteles flotantes para servir de cama y cocina temporal para el personal destinado a plataformas marítimas.

Hasta allí la primera parte de la historia que luego tendría un golpe de mar. Y es que, con la llegada  Peña Nieto, todavía sin tomar despacho ejecutivo él se enteró que en España había un acuerdo para construir floteles y que ya estaban empezando a hacerlos.

Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia, se desplazó lo más rápidamente posible a México para hablar con el presidente Peña Nieto, reunirse con él en Los Pinos y explicarle la envergadura de ese  proyecto.

Y pasaron meses y meses de omisiones, ausencias, indiferencias e interrogantes por parte de la contraparte gallega hasta que el botón tricolor fue pulsado previa negociación: la paraestatal mexicana entraría en el capital del astillero Hijos de J. Barreras de Vigo, controlando el 51% de su accionariado y refrendaría acuerdos con Navantia.

De esta forma,  los periódicos El País, La Voz de Galicia,  La Razón y ABC informaron “que la empresa pública mexicana Pemex compra la mayor factoría naval de Galicia”. El periódico El Mundo destacó que “México tendrá más barcos gallegos y Galicia, más inversión mexicana”.

A Colación

No podemos obviar que también enturbió el proceso el exabrupto de Pemex con Repsol que finalizó con la salida total de la inversión azteca del accionariado comandado por Antonio Brufau. Y aunque eran uvas de distintas vainas sí muchas veces ese negocio con los viguenses ha estado a casi nada de naufragar.

La verdad es que no deja de sorprender la velocidad que los gallegos le pusieron al negocio construyendo el flotel de 190  millones de dólares, el primero de varios, a toda prisa, high speed, trabajando mañana, tarde y noche con obreros sobreexplotados y malpagados para entregar “antes de tiempo” el barco-hotel a los mexicanos.

El pasado 29 de agosto se anunció con bombo y platillo ratatantán la presentación del primer buque terminado para Pemex flotando sobre de la ría del Ferrol. A la ceremonia de botadura del hermoso barco-hotel no asistió Emilio Lozaya Austin, director de Pemex, no le dio su bendición a Orgullo Petrolero bautizado así por el espíritu santo.

Ahora hay una factura pendiente de pago y todos aguardan, al menos del otro lado del Atlántico, a que la palabra sea honrada así como lo signado en el papel y lo presentado en los hechos fabricado de tal forma que nadie puede poner en tela de duda su existencia.

Vamos sería muy bochornoso que las autoridades mexicanas se hicieran de la vista gorda, y no pagaran. En España se espera el dinero y además se ventila que hay más floteles por construir precisamente para Pemex.

Hay todo un océano de incertidumbre y dimes y diretes en el tema y ningún pronunciamiento público oficial de Pemex que mencione que han entrado en más de la mitad del capital de Hijos de J. Barreras y que tienen acuerdos, negocios, con Navantia.

Esperemos que dentro, de tres años, la factura o las facturas pendientes de pago en este tenor, no sean heredadas a quien ocupe la silla Presidencial después de 2018.

*Claudia Luna Palencia es periodista mexicana, con más de 25 años de trayectoria experta en temas económicos, financieros y de negocios. Desde hace una década radica en España.