‘La Tuta’, el ex socio

JUAN MANUEL MAGAÑA Periodista... Ex jefe de redacción en el extinto diario El Día y en el concepto multimedia Detrás de la Noticia... Ex jefe de información del extinto diario El Nacional y los noticiarios Hoy por Hoy, en W Radio; Contraportada, en Radio Fórmula, y Primero Noticias, en Televisión... Actitud: pensar como reportero, actuar como reportero, vivir como reportero... Website: www.mensajepolitico.com E-mail: maganapalace@yahoo.com.mx

Percepción política

La televisión se da vuelo con toda la información que el gobierno le suministra sobre la captura de Servando Gómez Martínez, alias La Tuta. Es una pieza de trofeo exhibida en circo romano.

Desde el regreso del PRI a Los Pinos, en los meros tiempos de poder en Michoacán de Fausto Vallejo y su hombre de todas las confianzas Jesús Reyna, se escuchaba de parte del gobierno federal que aquel estado era presa de su propia “debilidad institucional”.

La expresión “debilidad institucional” ha servido para encubrir, entonces y ahora, lo que era la verdadera atrocidad que vivía Michoacán: bajo el yugo de una narcogubernatura priista.

El inquilino anterior de Los Pinos, Felipe Calderón, fue completamente impotente frente a esa construcción política degenerada que se gestó en su sexenio. “Su guerra” fue inútil y contraproducente por el hecho de que causó más violencia y, en consecuencia, decenas de miles de muertos.

Calderón heredó al PRI una situación peor de la que encontró, sumamente inmanejable, incómoda y peligrosa para un partido que estaba de vuelta al poder.

Todo se desbordó y afloró a la superficie. Estaban expuestos el excesivo Servando Gómez y Jesús Reyna y después los Vallejo, el padre por hacerse el ciego y el hijo, grabado con las manos en la masa.

El gobierno del PRI ha usado su poder más bien para tratar de hacer limpieza de su imagen. De ahí el eufemismo “debilidad institucional” en vez de narcoestado. ¿Se entiende que la palabreja lo desprestigia?

La limpieza ha consistido en tener que meter a la cárcel a aquellos que quedaron por descuido -por decirlo suave- en evidencia. Primero Jesús Reyna y luego el junior Vallejo. Por su parte el correoso ex gobernador Fausto siempre supo navegar con bandera de demencia y por lo tanto ahí está en su casa.

El círculo se cerró al tener que cazar al otrora socio del priismo: La Tuta. El mayor pecado del capo ya no era tanto el infierno que contribuyó a crear en Michoacán sino la manera en que ponía en ridículo -como consiguió hacerlo con el ex comisionado Alfredo Castillo- la fallida cacería del gobierno de su persona.

Así como el Chapo Guzmán, ese otro demonio que el gobierno perseguía cayó finalmente en la red y sin necesidad de un tiro. Quizá pueda morir como una figura legendaria, de muerte natural. El capo ya había cumplido su ciclo y era necesario llamarlo a la banca. ¿La violencia? ¿El crimen? Ahí seguirán, pero el PRI consiguió su respiro para este año electoral.

De narcogubernatura ni hablar. Contra la “debilidad institucional” se ha actuado.