Mañana entra en vigor el nuevo reglamento de transito en el D.F.

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de diciembre, ( CÍRCULO DIGITAL ).– El nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México entrará en vigor el próximo martes 15 de diciembre. La norma expresada en 70 artículos y cinco transitorios tiene por objeto regular la circulación de peatones y vehículos en la vía pública y la seguridad vial en esta ciudad. Quienes, al parecer, gozarán de mejores prerrogativas serán los de a pie y los ciclistas.

La Ciudad de México está considerada, en estadísticas internacionales, como una de las que registra un mayor número de fallecimientos y lesionados por accidentes de tránsito: 1, 200 muertos y 1, 500 lesionados al año. Este reporte ha puesto en alerta a los responsables de la movilidad de los habitantes de la metrópoli.

Los actores que participan en la puesta en escena son múltiples y diversos: peatones, ciclistas, motociclistas, automovilistas, operadores del transporte público, operadores del transporte de carga, operadores de vehículos oficiales. Cada uno actúa dentro de su propio contexto y circunstancias. Para controlar el comportamiento de tan diversos especímenes entrarán en acción 1,400 agentes (mujeres y hombres).

Por principio de cuentas habrá qué observar lo que hagan los policías para modificar la práctica ancestral de los peatones que acostumbran cruzar calles, avenidas y calzadas por donde mejor les place; para ellos, la distancia más corta entre dos puntos es la recta que los une; la esquina, el semáforo y las “cebras” son lo de menos. El objetivo es llegar al otro lado a como dé lugar. La cifra de muertitos por atropellamientos no les quita el sueño.

Los discursos medioambientalistas de las autoridades capitalinas han alentado el uso creciente de la biclicleta; inclusive está en marcha un programa especial. Jóvenes, adultos y adultos mayores hacen sus recorridos cotidianos a la oficina, la escuela, el gimnasio, el supermercado o al parque en un vehículo de dos ruedas, sin motor. Que son transgresores anticipados a la aplicación del reglamento, lo son: transitan en contraflujo; prescinden del casco protector; sus vehículos carecen de aditamentos preventivos (luces y calcomanías reflejantes); circulan por las banquetas. Para ellos no hay multas, sólo amonestaciones verbales.

Pesada tarea les espera a los policías para tratar de educar a los conductores de automóviles particulares. Acostumbrados a tener siempre la razón, o a pagar lo que sea con tal de no perderla, los uniformados se toparán con una fauna muy difícil de domesticar, que irán desde las ladies de Polanco o Las Lomas de Chapultepec, hasta los modestos moradores de colonias populares, pasando por una variopinta cáfila de juniors y reales o supuestos influyentazos. Cualesquiera buscarán los resquicios “legales” para evitar la multa y la  suma de puntos que les haría perder la licencia de conducir.

El bloque más pesado en el tema de la vialidad lo conforman las unidades conducidas por operadores que en sus rutas y horarios de trabajo, infringen cualquier ordenamiento que les ponga enfrente. Microbuses, camiones de pasajeros, camiones de carga, patrullas, ambulancias, vehículos para escoltas. Es muy probable que los concesionarios del transporte público tengan algunos arreglos con los jefes de los gendarmes, porque éstos ante un hecho de tránsito ignoran el suceso haciéndose de la vista gorda. Lo mismo puede presumirse de los vehículos que trasladan productos perecederos e imperecederos.

Párrafo aparte merecen los conductores de patrullas, ambulancias y camionetotas utilizadas por escoltas de algún funcionario o miembro de la oligarquía local. Los gendarmes ocupantes de vehículos destinados a la protección y seguridad de los ciudadanos, se desplazan a toda velocidad, con sirena abierta y torreta activada. Es probable que la prisa obedezca a una necesidad fisiológica difícil de solventar en la unidad motorizada. Los conductores de ambulancias, aunque dediquen sus esfuerzos a nobles tareas, circulan en contraflujo y con escasa precaución en detrimento de otros seres humanos expuestos a contingencias fatales. ¿Qué hará un genízaro de casaca amarilla frente a un guarura que maneja la camioneta negra con vidrios polarizados de su jefe el secretario de Hacienda, Gobernación o Educación Pública, cuando se pase una luz roja, o rebase la cebra de protección para los peatones? Es de suponerse que lo que impere sea la impunidad.

Más que una medida preventiva, de introducción a la cultura de la legalidad, el reglamento de tránsito es un catálogo punitivo, de cuentas por saldar, que sólo los “paganos” cautivos de siempre acatarán :

*Llamar por teléfono celular con el auto en marcha costará $2, 446.00;

*Circular sin licencia se multará con $1, 398.00;

*No respetar el Programa Hoy No Circula implicará un pago de $2, 097.00;

*Conducir a exceso de velocidad en zonas escolares costará $1, 398.00;

*Por exceder el límite de velocidad en vías primarias y controladas se pagarán $1, 398.00;

*Participar en “arrancones” se multará con $2, 097.00;

*Invadir la cebra peatonal implica pagar $2, 097.00 y,

*Subir o bajar pasaje en carriles centrales se multará con  $2, 097.00

La lista de penalizaciones es más copiosa; éstos son sólo algunos ejemplos para ilustrar el tamaño del atraco. Las autoridades que diseñaron este mecanismo de control, están conscientes de que su aplicación será efímera y, por ende, los resultados serán magros. La mordida, el cochupo y los arreglos cupulares son más poderosos que la más impoluta inspiración ética.