México le inspira miedo al Papa

JUAN MANUEL MAGAÑA Periodista... Ex jefe de redacción en el extinto diario El Día y en el concepto multimedia Detrás de la Noticia... Ex jefe de información del extinto diario El Nacional y los noticiarios Hoy por Hoy, en W Radio; Contraportada, en Radio Fórmula, y Primero Noticias, en Televisión... Actitud: pensar como reportero, actuar como reportero, vivir como reportero... Website: www.mensajepolitico.com E-mail: maganapalace@yahoo.com.mx

Percepción Política

Es un hecho cargado de negatividad incalculable para el país. El Papa Francisco no sólo teme venir a México, sino tampoco quiere venir. Estamos hablando de dos cosas diferentes que, por supuesto, deben examinarse por separado.

Nomás hay que imaginar qué verán los ojos de Francisco cuando miran a México. Qué información grave, preocupante, lastimosa, no le han hecho llegar los obispos del país más allegados a él, y me refiero a aquellos en los que hoy pudiera confiar dadas las circunstancias, y no por supuesto a Norberto Rivera Carrera.

De entrada, nadie puede negar que el Papa sabe a fondo lo que pasa en Michoacán, desde que los narcos le querían matar al obispo de Apatzingán.

Y luego hay que recordar cómo llegó a lamentar y también a estremecerse con lo ocurrido en Guerrero, es decir, con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Sobre eso, globalmente se pronunció, incluso.

Quién puede negar que Francisco sepa a fondo la situación del narco en México, si tiene una red eclesial en todo el país que puede informarle puntualmente no sólo de lo que pasa cada día aquí, sino hasta con nombres y apellidos de quienes están involucrados pero fingen ser prohombres en esta sociedad, principalmente políticos y empresarios.

Bueno, el Papa hasta llegó a manifestar que, por lo mismo del narcotráfico, ojalá Argentina, su patria chica, “no se mexicanice”; dicho que acá, en el ámbito gubernamental, se sintió como un inesperado raspón, como una rudeza innecesaria, pero que afuera pasó a formar parte de aquello que se necesita para explicarse a México.

Pero lo más interesante y peliagudo es que quién puede dudar de que el Papa esté escandalizado con la monstruosa corrupción gubernamental. Tanto, que prefiere no venir porque no quiere convalidarla. Está grueso, ¿no?

El Papa ya fue a Estados Unidos, muy cerca de México, y dijo “no gracias”, para allá no voy. Tratándose algunos países de América Latina ahora va con todo el gusto del mundo y, sobre todo a Cuba, lugar donde la historia registrará la marca de una huella profunda, la suya; estamos hablando de algo que tiene vuelo para más de cien años, 200, tal vez más. Pero México no figura en su agenda.

¿Aversión, náusea?, sólo él lo sabe. Pero es duro…