Operación “confianza”

Percepción política 

Desde hace días, al gobierno y sus formadores de opinión les ha importado mucho introducir en su agenda discursiva el tema del problema de falta de confianza en que ahora vive el país.

Pareciera que de repente el gobierno tuvo los suficientes cojones para reconocer que la gente le ha retirado su confianza y que está dispuesto a hacer lo correcto para recuperarla. Pero veamos si esto es cierto.

Tiene poco que el propio secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, aseguró que, efectivamente, el reto más importante que tiene hoy la nación es la confianza, “que los mexicanos creamos en el país”.

Ayer mismo, secundando a Videgaray, el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, César Camacho Quiroz, reconoció que existe ”un severo problema de confianza en el país hacia los funcionarios públicos y los partidos políticos”. Agregó: “Hay que admitir que hay un hartazgo social que está pidiendo más acciones y menos discursos”.

Incluso para un funcionario como Lorenzo Córdova Vianello, consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, el mayor de los retos del proceso electivo de este año es precisamente esa falta de confianza de los ciudadanos en la clase política para que resuelva los problemas del país.

La última crisis de confianza que amenazó seriamente al gobierno fue cuando otra gran crisis económica se hizo presente sin que el gobierno de Calderón metiera las manos. Hoy es mucho más grave esta crisis de confianza porque, además del malestar económico -que no sólo persiste sino se acentúa-, hay en el escenario otros dos hechos inquietantes: uno, la conciencia de que las desapariciones y la violencia son generalizadas en México (Ayotzinapa, Tlatlaya); dos, la irritación por tanta corrupción, que comienza desde Los Pinos (el conflicto de interés, el tráfico de influencias, la Casa Blanca).

Cuando Videgaray aborda el problema, pareciera que tuviese la respuesta. Pero, como podrá verse, con sus propias palabras solito se contradice. Según él, la confianza sólo se construye, “no a través de discursos, no a través de palabras, sino a través de hechos, de transparencia, de rendición de cuentas, de hacer prevalecer el Estado de derecho”.

Videgaray más bien tuerce el asunto cuando tras recordar que otros dos retos de México son la desigualdad y la falta de crecimiento, dice que la solución está en proteger la democracia y la economía de mercado, sin caer “en las tentaciones del populismo”. ¿Está clara que la verdadera preocupación es electoral y no la verdadera confianza?

A quién, pues, quiere engañar Videgaray cuando sostiene que “Nosotros lo hemos aprendido. Hemos aprendido que no basta con ganar el voto mayoritario de los mexicanos, hay que ganar la confianza y eso se gana todos los días con hechos, con resultados, con la consistencia en la forma de gobernar”.

Eso de reconocer a medias un problema para luego recurrir a la propaganda como mala forma de comunicación ya está muy repetido. Ahí están “foxilandia” y “calderonlandia” que forman parte del hartazgo social. En la crisis económica de 2008 se llegó al extremo en Televisa -alineada con Calderón- de hacer que sólo actores y actrices de medio pelo (no los analistas de economía o los noticiarios) abordaran en spots el problemón de la crisis, pero de forma emocional y con lectura rigurosa del telepromter para que la confianza de la gente no decayera y potenciara la debacle.

Dicen los clásicos que la confianza es algo que se gana con los años, pero que se pierde en un instante. Por eso cuando hablan así de crisis de confianza quienes la han creado, de cara a una elección, uno no puede esperar algo serio sino el hecho de que llegó la hora en que van a sacar de nuevo a los payasos. Conste que nos hemos tardado en retirar de veras esa confianza.