Sin bastón

Por la Espiral

*Claudia Luna Palencia

Si tiene entre 30 a 50 años de edad entonces esta pregunta va dirigida a usted: ¿Se imagina cómo será su vida después de la jubilación? ¿Qué le gustaría hacer luego de retirarse? ¿Considera que contará con suficientes fondos ahorrados en su  pensión o en la jubilación oficial como para vivir holgadamente lo que le reste de vida?

Yo sostengo que, desde que una persona nace, sus padres deberían abrirle una cuenta bancaria e ir depositando en ella una pequeña cantidad de dinero mensual; ahorro que debería incrementarse más adelante con las aportaciones que realice como adulto insertado en el mundo productivo.

La naturaleza de esa reserva personal es la de fungir de suave colchón -junto con la pensión-, de tal suerte que el reposo de la vejez sea lo más confortable, apacible y desahogado posible.

Digamos que eso sería lo deseable. La  realidad desdibuja un dramático contraste: las personas suelen retirarse con escaso ahorro personal y pensiones estrechas, eso en el mejor de los casos porque hay otra mayoría amplia sin ahorro personal, ni pensión digna, por ende, deben trabajar hasta el último día de sus vidas.

Así como en las aulas se enseña matemáticas debería incorporarse una  materia que prepare a esos niños para ser, financieramente hablando, adultos responsables.

¿Con qué finalidad? Con la de evitar que se sigan haciendo las cosas al revés dado que en la edad productiva, insertados en el ámbito laboral, se gasta y hasta se despilfarra postergando el  ahorro; aumentan los endeudamientos y cuando se traspasa la barrera de los cincuenta años con el declive en ciernes entonces emergen las preocupaciones.

Lo que está en juego es pasar los próximos 30 o 40 años de su vida muy apretado de dinero, sintiéndose una carga, angustiado por terminar el día a día.

La longevidad hace posible todo tipo de combinaciones sobre todo con y sin previsión de por medio, lo que sí le puedo asegurar es que nadie  garantiza que en 25 años seguirá de pie el sistema de pensiones público porque para como van las finanzas, el déficit público y el endeudamiento interno de muchos países no habrá bastón que lo sostenga.

A COLACIÓN

La atención de la vejez es un tema que debería ser de impronta para las políticas públicas. Un estudio muy interesante elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que la edad promedio de la población de América Latina y el Caribe casi  duplicará entre  1950 y 2050.

En tan sólo un siglo, la transformación poblacional hará que el rostro de la región  afronte  importantes desafíos para adaptarse a una nueva realidad viejuna.

Según estimaciones de la CEPAL, los mayores incrementos en la edad promedio se materializarán entre los años 2000 y 2050, pasando de 28 a 40 años durante este período. Del mismo modo, la población de 60 años y más triplicará en el lapso de referencia,  en tanto que la población menor de 15 años pasará de más del 30% del total a menos del 20 por ciento.

Estos cambios demográficos se están produciendo de manera más rápida en América Latina que en Europa. La CEPAL indica que las causas de este proceso son el fuerte descenso de la fecundidad y el alza de la esperanza de vida. Esta transformación es sin duda una alteración sin precedentes en la historia de la región.

Habrá que, sin más dilación, realizar una revisión profunda de las políticas públicas para adecuarlas a una sociedad en la cual habrá cada vez menos jóvenes y más población en senectud.

Comenzando por la infraestructura de los servicios sociales en salud, educación y vivienda; y una reingeniería de las funciones públicas, además de un necesario cambio cultural que lleve a sociedades sin exclusiones, a “sociedades para todas las edades”.

En México, la demografía sigue el promedio estimado por la CEPAL para los próximos cincuenta años: la proporción de la población de 60 años o más aumentará de un 8% en el 2000 al 14.1% en el 2025 y a 22.6% en el 2050. Este porcentaje será más elevado en las mujeres que en los hombres tanto en el área urbana como rural.

México comparte con Brasil, Colombia, Costa Rica y Panamá que el envejecimiento demográfico esperado estará enmarcado por un aumento importante en las personas mayores.

Los mismos datos del organismo ubican a México en el rango de países con menor cobertura de seguridad social y donde casi la mitad de la población adulta mayor no recibe ingresos por concepto de jubilación. El rango de pensiones y jubilaciones es tan bajo  que puede equipararse con la situación de  Haití.

Con  este panorama, los alquimistas de las políticas públicas, enfrentan  grandes retos con una pirámide poblacional que engrosará por la punta.

*Claudia Luna Palencia es periodista especializada en temas económicos. Su primera etapa profesional la desarrolló en México, y desde hace una década en España.