CDMX, reino de informalidad; la 4T debe 500 mil empleos

El jefe de Gobierno, Martí Batres, y su secretario de Desarrollo Económico, Fadlala Akabani pretendieron presentar como un gran logro lo que ni siquiera demostraron con estadísticas históricas: “…Tenemos la tasa de desempleo (4.1) más baja en la historia de la Ciudad de México”, dijo el pasado miércoles al presentar los resultados económicos 2023”. FOTO: Archivo GCDMX
El jefe de Gobierno, Martí Batres, y su secretario de Desarrollo Económico, Fadlala Akabani pretendieron presentar como un gran logro lo que ni siquiera demostraron con estadísticas históricas: “…Tenemos la tasa de desempleo (4.1) más baja en la historia de la Ciudad de México”, dijo el pasado miércoles al presentar los resultados económicos 2023”. FOTO: Archivo GCDMX

Mensaje Político

Alejandro Lelo de Larrea


El jefe de Gobierno, Martí Batres, y su secretario de Desarrollo Económico, Fadlala Akabani pretendieron presentar como un gran logro lo que ni siquiera demostraron con estadísticas históricas: “…Tenemos la tasa de desempleo (4.1) más baja en la historia de la Ciudad de México”, dijo el pasado miércoles al presentar los resultados económicos 2023”.

Lo que ocultó Batres es que esa tasa del 4.1 es la peor de todas las entidades de la República, y el hecho es más lamentable porque la CDMX debería estar al menos entre los cinco primeros lugares, por tratarse de la capital del país, donde la inercia económica le da un empuje fuerte, en automático. El promedio nacional de desocupación es de 2.8, a noviembre de 2023, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo del INEGI, organismo que obtiene y guarda las estadísticas oficiales y no pueden decir que es neoliberal porque lo preside Graciela Márquez, de la 4T.

Otro hecho que ocultaron Batres y Akabani en su “informe” es que los supuestos empleos creados en los últimos años en la CDMX –antes y después de la pandemia–, son informales: una tasa de 46.5. Es decir, prácticamente 47 de cada 100 trabajadores no gozan de las mínimas prestaciones laborales y sociales: no tienen IMSS, por lo que no tienen ningún servicio médico, tampoco un futuro en que puedan tener pensión o jubilación, ni algún crédito para vivienda, como el de Infonavit.

En la CDMX, entre 2022 y 2023 se lograron recuperar los empleos que se perdieron en 2020 por la pandemia. Sin embargo, con el periodo que debería compararse es noviembre de 2019, el pico más alto de empleo formal en la capital del país, como me lo explica el asesor económico de la Coparmex CDMX, David Mendoza. Para llegar a ese máximo aún faltan 67 mil fuentes de empleo formales, los cuales se recuperarían apenas en este 2024, con la expectativa de que se van a generar unos 80 mil, como en el 2023.

El crecimiento del empleo en el periodo de Miguel Ángel Mancera, la anterior administración, fue de un promedio de 80 mil plazas laborales al año, formalmente dadas de alta ante el IMSS. Al no haberse generado empleos en cuatro años y medio de Sheinbaum y el medio año que lleva Batres, el rezago real es de 400 mil fuentes laborales. Si a esto le sumamos las 67 mil que faltan para alcanzar el pico de 2019, la CDMX tiene un déficit de casi medio millón de plazas laborales, en el periodo de la 4T.

La tasa de 4.1 que presume Batres está por debajo incluso de la del periodo de López Obrador como jefe de Gobierno, y por supuesto de Sheinbaum. O sea, él es mejor, pero tampoco es que sea una maravilla, porque los años previos fue un desastre: en 2022, 4.5; en 2021, 6.3; en 2020, 5.7; en 2019, 4.8; y en el mejor año de Mancera fue de 4.3.

La misma encuesta del INEGI indica que en la CDMX, la tasa de “condiciones críticas de ocupación” alcanza el 32.4, en el nada honroso lugar 9 del país. La tasa de subocupación es de 10.2, el octavo peor sitio nacional.

Las casi 500 mil plazas que deberían crearse para al menos alcanzar el pico de 2019, como recibió Sheinbaum la capital del país, difícilmente podrían logarse este año, aunque Batres prometa 1 millón de empleos. Ni con el nearshoring lo ve probable Mendoza. La situación se complica más porque es año electoral y las empresas van a invertir sólo si prevalece la democracia. Es decir, si ven que se comete un fraude electoral difícilmente traerán sus consorcios al país por la falta de certidumbre jurídica, política y social. Lo veremos.